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Imagen: FreeDigitalPhotos |
Hola a todos!!
En el artículo
de hoy voy a contaros cómo una actividad deportiva puede provocar que el aprendizaje
en otra se vea perjudicada o retrasada.
Me he decidido
a contarte esto en la sección de Buceo, no porque este apartado del blog haya
sido el causante de esta mala adaptación para mi aprendizaje, sino porque ha
sido en el buceo donde he “padecido” esta cosa llamada “transferencia negativa
deportiva”.
Por si no
sabes muy bien a que me refiero con esto de “la transferencia negativa”, te lo voy
a contar con un ejemplo.
Ten en cuenta
que cuando aprendemos un deporte, sea el que sea, ese aprendizaje que
realizamos a nivel de destrezas motoras y cognitivas para esa disciplina
deportiva en particular, puede hacer que nos sirva para evolucionar en el
aprendizaje de otra disciplina deportiva o puede que nos lo dificulte.
Ahora sí, voy
con el ejemplo:
Si estamos
acostumbrados a jugar al fútbol sala, sabremos movernos en espacios reducidos
para controlar el balón y deshacernos de nuestro rival en tan poco espacio. Pues bien, si nos iniciamos en el fútbol, todo ese aprendizaje proveniente del
fútbol sala nos facilitará el aprendizaje de los gestos técnicos del control
del balón y del regate. Por lo tanto, tendremos unas habilidades que nos
permitirán adaptarnos mucho más rápido y de forma más efectiva a la nueva disciplina deportiva. En este caso
estamos hablando de una “transferencia positiva” de aprendizaje deportivo
puesto que nuestra necesidad de adaptación motriz es menor y la efectividad en la ejecución del gesto técnico no se ve reducida o impedida.
Sin embargo, y
como te comentaba al principio del artículo de hoy, podemos vernos en el caso contrario.
Te cuento lo
que me ha ocurrido.
Ha sido
durante mi curso de buceo para poder ser Advanced Open Water y durante el
momento de la inmersión.
En buceo, para
poder ir al fondo necesitas ir lastrado de modo correcto; esto es, tener en el
cinturón la cantidad justa de plomos para que, una vez vaciado el chaleco
hidrostático y tus pulmones, puedas descender a las profundidades marinas.
Pues bien, era
justo en ese momento en que tomas aire cuando me volvía una y otra vez a la superficie
y sufría para poder ir al fondo con mi instructor.
¿Qué error estaba cometiendo?
Uno tan básico
como tonto. Te cuento.
Con la
costumbre de hacer running, la respiración que habitualmente realizo es profunda
y muy amplia; esto es, respiramos haciendo que el diafragma se expanda todo lo
posible y que de forma seguida toda la musculatura de la caja torácica se
expanda también, para así poder llenar los pulmones con el mayor volumen de aire
posible; realizando una espiración acompasada al ritmo de la carrera y de las
zancadas.
Para el buceo
y, sobre todo, en el momento de nuestra inmersión, esta forma de respirar lo
que provoca es que salgamos del agua irremediablemente. :(
En el momento
del descenso, debemos tener una intensidad en la respiración que nos permita
tomar aire sin que hagamos “la boya” y, sobre todo centrarnos en una larga y
profunda espiración. Esto es lo que provoca (hasta cierto punto), que nos
propulsemos como hacen los cefalópodos y nos sea más fácil el descenso.
Una vez que
hemos sido capaces de descender unos 2 ó 3 metros, con sólo variar la posición
de nuestro cuerpo para tener una flotabilidad neutra, podremos tener una mejor
referencia para comenzar a descender por la ruta planificada y, conforme
descendamos a una mayor profundidad, nuestra respiración jugará un papel
fundamental en el correcto equilibrio de nuestra flotabilidad y hará que seamos
capaces de mantener una posición de “ingravidez” dentro del agua.
Como te puedes
imaginar, la respiración dentro del agua es mucho más tranquila y liviana que
cuando estamos haciendo Running e incluso que cuando estamos en superficie.
¿Cómo supe que lo estaba haciendo bien?
¡Muy fácil!,
en cuanto te das cuenta de la tontería que estás cometiendo, lo primero que
debes de ser capaz es de relajarte, dejar de frustrarte y centrarte en la
respiración apropiada. ¡Verás cómo te vas al fondo sin problemas! :)
Un consejo: “no
tengas prisas por bajar”, hazlo tranquilo, a tu ritmo y disfruta del momento y
de todo aquello que empiezas a ver conforme desciendes.
A mí me
funciona el truco de proyectar mentalmente la imagen de un calamar o pulpo alejándose.
Cuando lo hacen, aparte de soltar tinta, lo que hacen es que toman el agua
necesaria para expulsarla de forma prolongada y así propulsarse; pues en este
caso tú debes hacer lo mismo pero con tu respiración para descender
correctamente.
Otra cosa que
te puede ayudar es entrenar la respiración.
En este caso
es tan simple como colocar una mano en tu pecho y la otra sobre el abdomen y de
modo pausado ser consciente de tu respiración normal. A partir de ahí
empezaremos a controlarla haciendo que suba una u otra mano.
En realidad
estamos trabajando de modo consciente el control sobre el movimiento
inconsciente e involuntario de la respiración. Eso sí, hazlo muy tranquilo y no
por mucho tiempo para evitar que te marees cuando te incorpores o que
hiperventiles. ;)
Como puedes
ver, esta “transferencia negativa” en el aprendizaje deportivo es muy simple de
corregir, sólo necesitamos incorporar a nuestro esquema motriz una rutina nueva
que corrija la desviación que hemos sufrido en esta actividad física. :)
Nos leemos
pronto!!
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